La película La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, lleva el título de una obra que Lorca empezó hacia 1935 y no pudo terminar. Lo poco que se conserva dice con claridad de qué iba a tratar: de no encajar, y de la presión por encajar en los criterios que una sociedad impone a cada uno. La película cuenta otra cosa. Para mí es una lástima, porque había material para hacer lo que Lorca quería.
Lo que escribió Lorca
De La bola negra se conservan cuatro páginas en el Centro Federico García Lorca, publicadas por primera vez en 1987 por la hispanista Marie Laffranque. Dos son la lista de personajes y dos, el comienzo del primer acto. El subtítulo es «Drama de costumbres actuales». En la lista aparecen Carlos, de 20 años; Enrique, estudiante de Filosofía, de 18 y enfermo; un militar, don Burgundórfero; la familia, los socios del casino, unos esquiadores e incluso la Nieve, que debía hablar.
La única escena escrita no es la del casino, sino una conversación entre Carlos y su hermana. Ella le dice que, si fuera por ella, siempre estaría en la calle, y explica por qué no sale: «Porque soy mujer. Y me conformo con ser mujer. Por mi gusto, tiraría a la jabalina, pero debo endulzar naranjas. Debo y quiero».
El argumento conocido, el de Carlos rechazado en el casino con una bola negra que confiesa a su padre que es por ser homosexual, no está en esas páginas. Lorca se lo contó a Cipriano Rivas Cherif, a la escenógrafa Victorina Durán y a Rafael Rodríguez Rapún. No puede saberse cómo la habría terminado. Por eso, lo único firme es lo que dejó escrito.
Lo que dice el manuscrito
Lorca abre la obra con la hermana, no con Carlos. Lo primero que pone en escena es el encierro de una mujer que ha hecho suyo el papel que le imponen. El subtítulo apunta en la misma dirección: un drama de costumbres trata de lo que la sociedad impone a todos. Y la lista lo confirma: un joven enfermo, un militar, una hermana que se queda en casa. Es el retrato de una sociedad, no de un solo caso. Que Carlos fuera el caso más extremo de un encierro general es una lectura, pero es la que sale de juntar lo escrito, y la que confirma el resto de su teatro: Yerma, Doña Rosita, las hijas de Bernarda Alba.
Era, además, una obra sobre la Segunda República. El Código Penal de 1928, de la dictadura de Primo de Rivera, había convertido la homosexualidad en agravante, y el republicano de 1932 lo suprimió. Lo que Lorca quería mostrar no era una persecución legal, sino la exclusión por costumbre dentro de una democracia: el casino que vota, la familia que juzga, la mujer que se queda en casa. Y quería mostrarlo con realismo: ese mismo año escribió al frente de La casa de Bernarda Alba que sus tres actos tenían «la intención de un documental fotográfico».
Lo que he visto en la película
La película es un tríptico: Granada en 1932, la guerra en 1937 y Madrid en 2017. Mezcla el proyecto de Lorca con La piedra oscura, la obra de Alberto Conejero sobre Rafael Rodríguez Rapún. Los directores dicen haber visto el manuscrito y leído toda la obra de Lorca, así que la distancia entre lo que él planteó y lo que han estrenado es una elección. Y nace de una lectura que solo ve la homosexualidad: al presentar el proyecto en 2025, dijeron que partían de la obra para reflexionar sobre «lo que significa ser maricón a lo largo del tiempo». La hermana y el drama de costumbres no estaban en esa lectura.
Esto es lo que encontré al verla:
- La hermana se abandona. Quiere jugar y ensuciarse, y nadie la comprende. El padre le dice a Carlos que de puertas adentro se es una cosa y de puertas afuera otra, y la hermana vive ese mismo dilema, pero la película no lo desarrolla en ella. Los amigos de Carlos hablan de rumores sobre mucha gente, y esa gente nunca aparece.
- La historia de Lorca es la menos desarrollada. Los personajes de 1932 tienen menos tiempo que los de 1937 y 2017. Y la comprensión se reserva para los inventados: en 1937 y en 2017 hay un abrazo antes del final. Carlos muere solo en la nieve.
- El casino arde. La segunda votación no llega a hacerse: el casino es asaltado y destruido. El incendio fue real. Ocurrió en agosto de 1932 y Lorca lo vio con su padre y su hermano: los hijos lo miraban casi con alegría y el padre lamentaba perder su refugio. Pero cuando Lorca empezó La bola negra, años después, escribió un drama con el casino en pie y sus socios votando. Conocía el fuego y eligió no usarlo. La película lo usa, y con el casino arde el escenario mismo de la obra: el lugar donde se juzga y donde los que juzgan esconden sus secretos. Es usar a Lorca contra Lorca.
- La obra se convierte en un objeto que se busca. Gran parte de la trama consiste en encontrar el manuscrito completo, y una hispanista extranjera, en un congreso, confirma por la caligrafía que es de Lorca. La película dramatiza la autentificación de un texto que no existe. Y La bola negra está inacabada porque mataron a Lorca: esas cuatro páginas son también un testimonio de su asesinato. Al inventarle un final, la película borra esa huella.
- La reducción se dice en voz alta. La conferencia de esa hispanista se titula «Lorca: el poeta gay». Y sobre una foto de Lorca rodeado de gente, una voz en off afirma que Lorca era para todos, pero lo que la película cuenta se limita a la homosexualidad y el travestismo.
- Lorca dice lo que la película quiere. Al final, un amigo le recuerda a Lorca que en una obra basada en un asesinato real mantuvo los nombres verdaderos aunque su madre le pidió cambiarlos: es el Lorca realista. Pero después, al hablar de La bola negra, dice cosas que nada tienen que ver con un drama de costumbres. La película le pone palabras en la boca para dar autoridad a su propia lectura.
No soy el único
Varios críticos han visto lo mismo. Carlos F. Heredero, en Caimán, dice que Lorca funciona en la película como «pretexto y bandera» y ve a sus personajes como marionetas de un discurso decidido de antemano. Diego Batlle, en Otros Cines, cuenta a Lorca y su obra perdida entre los grandes ganchos de la película. Diego Lerer, en Micropsia, señala que la historia más desarrollada es la de 1937. Espinof concluye que su visión de Lorca acaba siendo más limitada de lo que pretende, y Vicente Monroy, en CTXT, que la lectura de Lorca que aplica al completar el manuscrito es tan simple como el título de aquella conferencia. Hasta una crítica favorable, la de Jusepe Cruz en El Nuevo Observador, recuerda que la obra no pudo terminarse, igual que Lorca no pudo terminar su vida.
Una contradicción
Los directores dijeron en el pódcast La Script que no es una película sobre Lorca y que la hicieron porque se enamoraron de La piedra oscura. Pero la película usa su título, su única escena, un personaje de su lista, un poema suyo y al propio Lorca como personaje, y le inventa una obra completa. Ellos mismos la llamaron «ucronía»: qué habría pasado si Lorca hubiese terminado la obra. Imaginar cómo la habría terminado es, precisamente, hablar de Lorca. Y exige al Lorca entero: el realista, el dramaturgo de las mujeres encerradas, el del tono trágico. Si se le reduce a un solo rasgo, lo que se imagina no es cómo la habría terminado él, sino cómo la habrían terminado los directores.
El coguionista, Alberto Conejero, ha explicado que convirtió en ficción las últimas horas de Rapún «sin cambiar el sentido de su muerte», con permiso de su familia. Es un criterio honesto, y él es transparente: siempre cuenta que el Rapún real murió desangrado en un hospital de Santander. Pero la película no aplica ese criterio a Lorca: cambia el sentido de La bola negra. Y si, como dice Conejero, no busca ser histórica, sobra la escena final en la que Lorca explica su obra.
Lo que podría haberse hecho
Todo lo que la película quiere contar podía contarse sin Lorca: un manuscrito perdido funciona con cualquier autor inventado, y la memoria homosexual no depende de que el texto sea suyo. Si usa el de Lorca, es por su nombre, no por lo que dice. Había tres caminos coherentes: hacer La piedra oscura con otro título; inspirarse en La bola negra sin atribuir a Lorca una obra completa ni hacerle explicarla, como Conejero hizo con Rapún; o respetar lo que Lorca dejó escrito. Este último era posible: el propio Conejero completó la Comedia sin título partiendo de su primer acto, y se estrenó como El sueño de la vida en 2019.
Una versión fiel habría dedicado a la Granada de 1932 el tiempo que la película dedica a los soldados de 1937. El padre podría sacar los trapos sucios de algún socio del casino, para mostrar que los que juzgan también esconden algo. La madre, la hermana, Enrique o el militar tendrían cada uno su encierro, y gente de ideas opuestas coincidiría en el casino, todos atrapados entre lo que deben hacer y lo que quieren. Había material en el propio Lorca: Doña Rosita la soltera para la mujer que espera, La casa de Bernarda Alba para quien impone las apariencias, La zapatera prodigiosa para las murmuraciones, El público para las máscaras. Y la Nieve podía irrumpir al final, como la Luna en Bodas de sangre: un drama de costumbres real con un estallido simbólico en el momento decisivo.
El símbolo frente al autor
La película trata a Lorca igual que a su manuscrito: reduce algo plural a un solo rasgo, el poeta homosexual asesinado. Pero Lorca fue también el dramaturgo de la condición de la mujer, el que llevó el teatro a los pueblos con La Barraca, el poeta que denunció el dinero y el racismo en Poeta en Nueva York, el que recogió canciones populares y escribió farsas. Era republicano, pero se relacionaba con gente de todas las ideas: lo escondió una familia falangista, la de Luis Rosales. Y en su asesinato se mezclaron causas políticas, homofobia y venganzas locales. Reducirlo a un solo rasgo, sea el que sea, deja fuera quién era.
Ni siquiera él encajaba en la imagen que se esperaba de un poeta. Según cuenta Mario Amorós, en un pueblo no lo reconocieron porque esperaban a alguien vestido de poeta, y él bromeó con que era «de la poesía secreta», jugando con «la secreta», como se llamaba entonces a la policía. Igual que él, sus personajes no encajarían en la idea que la sociedad tenía de cómo debían ser.
Hermano de todos
En su última entrevista, publicada en El Sol el 10 de junio de 1936, Lorca dijo: «Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos».
Esa frase es la mirada de La bola negra. Un hombre homosexual empezaba su obra sobre la exclusión mirando el encierro de una mujer. En su teatro nadie escapa: Bernarda Alba es víctima de la costumbre y verdugo de sus hijas a la vez. En La bola negra, los socios que votan, el padre que juzga y la hermana que dice «debo y quiero» estarían atrapados de una forma u otra: por las costumbres, por la reputación, por la presión del propio grupo. Todos víctimas y, a la vez, verdugos de otros. Ese es el «para todos» de Lorca: nadie se escapa.
Y eso es universal. En todas las sociedades hay chismes, presiones, gente a la que se excluye y personas que llevan una doble vida para poder vivir. Por eso la obra de Lorca no necesitaba otras épocas al lado para hablarnos hoy. El manuscrito sigue ahí, y una versión fiel, con la hermana y el resto de encerrados, todavía está por hacer.
Fuentes
Sobre el manuscrito y Lorca
- Federico García Lorca, Teatro completo, Galaxia Gutenberg (lista de personajes y fragmento de La bola negra).
- National Geographic Historia: las únicas páginas que escribió Lorca de La bola negra
- Infobae: las páginas que de verdad escribió Lorca
- Ponunlibroentuvida: qué dicen de verdad las cuatro páginas
- Fotogramas: verdad y ficción sobre Lorca y Rapún
- Esther Moreno Lago, Victorina Durán, una vida llamada teatro.
- Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba (1936), advertencia inicial.
- Federico García Lorca, «Pequeño poema infinito», Poeta en Nueva York (escrito en 1929-1930).
- Universo Lorca: la última entrevista, con Luis Bagaría en El Sol (10 de junio de 1936)
- Revista Clarín: la entrevista de Pablo Suero a Lorca en Noticias Gráficas (Buenos Aires, octubre de 1933)
- Rafael Inglada y Víctor Fernández (eds.), Palabra de Lorca (entrevistas completas).
- Mario Amorós, Neruda. El príncipe de los poetas, Ediciones B.
- Mapa de la Memoria Histórica de Granada: el incendio del Casino Cultural en agosto de 1932
- Iberoamericana: la homosexualidad en los códigos penales de 1928 y 1932
- El Salto: el informe policial de 1965
- Marcial Pons: Miguel Caballero, Las trece últimas horas en la vida de García Lorca
- Comunidad de Madrid: estreno de El sueño de la vida
Sobre la película
- Laura Cuesta, «Los Javis exploran la obra inacabada de Lorca en La bola negra», Público, 21 de mayo de 2025
- ABC de Sevilla, María Albert, 3 de octubre de 2026 (declaraciones en el pódcast La Script)
- Alberto Conejero, publicaciones en Instagram (@albertoconejerolopez) sobre Rapún y sobre la trama de Carlos, octubre de 2026.
- Infobae: el incendio real que inspiró la trama de Carlos
- Carlos F. Heredero y Àngel Quintana, Caimán Cuadernos de Cine, Cannes 2026
- Diego Batlle, Otros Cines: crítica desde Cannes, 22 de mayo de 2026
- Diego Lerer, Micropsia: crítica desde Cannes, 21 de mayo de 2026
- Espinof: su visión de Lorca acaba siendo más limitada de lo que pretenden
- Vicente Monroy, «La bola negra y la paradoja de la libertad», CTXT
- Jusepe Cruz, «La bola negra: el churreteo después de Lorca», El Nuevo Observador