Mi debut en el maratón

Hasta ahora la distancia máxima que había corrido es de media maratón.

Estaba ilusionado este año porque es la 42 edición del maratón que son 42kilómetros y 195 metros.

La preparación es dura, los largos cuestan y el cuerpo lo nota. Gracias a mis compañeros de Correcaminos con los que fui que me ayudaron y me dieron consejos. También a mi fisioterapeuta a la que tuve que acudir dos veces.

La carrera empecé con Paulo, un compañero del club, a un ritmo suave. Teníamos pensado un plan porque sabíamos los tiempos que hicimos en los largos y nos propusimos un objetivo. Al principio cuesta moverse, hay mucha gente y puedes recibir codazos o casi chafar la zapatilla del de delante.

En el kilometro 9 vimos a la élite por la otra parte y fue genial, su forma de moverse es un arte. Seguimos con cuidado porque la marea de gente te empuja y puedes caer en la tentación de ir más rápido de lo que te toca siendo que quedaba mucha carrera.

No nos saltamos ningún avituallamiento y lo noté porque iba con fuerzas y energía, además había probado en los largos los geles y mi cuerpo estaba adaptado.

Por otra parte, mi familia estaba para animarme, los vi en el kilómetro 15 y en el kilómetro 25.

Pasamos la media maratón muy bien de sensaciones, piernas, cabeza y no notamos nada. Fue en el kilómetro 26 cuando la rodilla derecha me avisó y me fui a boxes, allí me dieron réflex y algo me alivió.

Hasta el kilometro 30 fuimos muy bien y sentí que podía ir más rápido, por eso en ese punto me separé de mi compañero.

Llego a la zona desconocida que es a partir del km32. Me aventuro en esta selva donde empieza el calvario. En el kilómetro 34 vuelve el dolor de rodilla y del ligamento lateral externo, pero no hay ningún sitio donde te puedan dar gel. Siento la tentación de pararme o cogerme de la valla y andar, pero sigo con la otra pierna impulsándome y contando los kilómetros que me quedan. En algunos momentos el dolor es menor y puedo acelerar un poco, por si me vuelve a dar. En el kilómetro 36 otro latigazo fuerte. Veo a otro compañero pasar y pienso que lo importante es acabar, no pasa nada por no conseguir el plan. La lucha es intensa contra mi cuerpo, finalmente desaparece el dolor en el kilómetro 40. En este punto veo a mi familia y acelero el paso, solo quedan dos kilómetros para acabar. La zona se estrecha y veo a muchos corredores que se paran, otro se tropieza donde empieza la alfombra azul y cae al suelo delante de mí. Yo sigo, tengo el turbo puesto y no me paro en este último avituallamiento. Es increíble lo que se puede correr cuando uno está bien, aunque se note algo cargado, pero sin dolor es maravilloso y cruzo la meta habiendo conseguido de sobra mi objetivo.

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