El ojo se pasea cada día por el parque; perdió la luz desde aquel día cuando la sombra raptó su tesoro. Las máquinas no encuentran motivos para seguir tecleando, en ese crac intenso que encadenó la amargura en el pueblo. Después de tantos años de silencio, unos aullidos rompen la noche. Los caballos vuelan y vuelven las teclas a su trabajo al compás de balbuceos.
Regreso
Enigmático micro, David. Gracias por tu aporte. Un abrazo.