Impasible ante las nuevas caras, meciéndose en la quietud tras las barreras invisibles su mirada asiente.
El precio de tenerlo todo son unos pocos metros cuadrados; no existe otra cosa fuera de este espacio.
Las islas de hierba podrías ser también de asfalto, donde vivimos y estamos atrapados sin poder volar, nos adormilamos en nuestro espacio, derrotados por la desidia, el miedo y la paranoia.
Atrapados en un insípido vivir, enredados en el ego mientras la pereza construye barrera con el cemento del miedo.