Drek estaba débil, los pasos más cerca.
Salió corriendo hacia ese resplandor, caía, volvía a levantarse, así era su huida. El crepitar de las sombras marcaba el ritmo, envueltas en llamas se retorcían.
Despertó entre cables en un tipi, un oso vigilaba la entrada.
Una noche ya no vio ningún animal sagrado, solo unos ojos verdes que le decían
—Has llegado a tiempo.
Siempre le acompañaría esa sonrisa siniestra del tótem.

Hola, David :) Tu micro es misterioso y a la vez me ha erizado la piel esa huida desesperada.
Muy bien integrados todos los elementos del reto.
Muchas gracias por participar.
Un abrazo.
Por qué las caras de los tótems da tanto escalofrío?