la maldición

El reto de Lidia

Drek estaba débil, los pasos más cerca.
Salió corriendo hacia ese resplandor, caía, volvía a levantarse, así era su huida. El crepitar de las sombras marcaba el ritmo, envueltas en llamas se retorcían.

Despertó entre cables en un tipi, un oso vigilaba la entrada.
Una noche ya no vio ningún animal sagrado, solo unos ojos verdes que le decían
—Has llegado a tiempo.

Siempre le acompañaría esa sonrisa siniestra del tótem.

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