maldita soledad

Llamaste fuertemente a la puerta,
entrarse con tus gélidos amigos
mientras en el lecho estaba herido.

El miedo era tu fiel compañero,
desde la lejanía miraste en quien hacer diana
y fui el objetivo de tus disparos.

Huracán que destruyes los enlaces,
lente que aumentas los monstruos
dándoles fuerza contra mí,
nadie escuchará el auxilio.

Asfixias, torturas todos los miembros
a partes iguales.
¡Desgarradoras soledades,
llaman silbando
a los infernales lobos!

Hoy vuelvo a escuchar un ruido.
Los miedos llaman a la puerta,
eres tú que vuelves a lo que un día fue tu reino.
Odiosa perdedora y maltratadora.
Las cicatrices hablan por sí solas
de aquel tiempo donde el adolescente
fue encerrado en tu jaula.

Estabas ahí al acecho
buscando la manera de amarrarme al potro.
Nunca fuiste bienvenida,
no te ansiaba aunque me encontrase
el rechazo de los otros.

Si con los demás eres tan querida,
tu cara oculta conocí y la tiranía.
Soledad ya perdiste la guerra.
Dios conmigo siempre está.

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