Caminante especialmente imperfecto

Caminando entre las zarzas espinosas, cada cual con una etiqueta más aterradora que la anterior. Las conozco bien porque caí preso en algunas de ellas experimentando los síndromes antiguos, los contemporáneos y las nuevas tendencias opresoras.
Mis emblemas reflejan las luchas vividas, algunas fueron largas pero rompí la puerta invisible que lleva a la libertad.

Un paréntesis se abre antes de retomar el paso, me detengo en la piedra done todos tropezamos, es un síndrome opresor que mi amiga describe: el “especialismo”. Todos caemos en este pozo hablando con los otros desde nuestro terreno como recetando soluciones en vez de escuchar, entender lo que quieren expresar aunque no sean las palabras adecuadas. No olvidemos que por delante de los títulos está el hecho de ser persona, lo que nos une en el gran árbol familiar desde los albores.

Volviendo al camino me encuentro con más personas que los dos tipos mencionados por Laura, siendo una obviedad la pregunta porque todos respiramos, latimos, sentimos y eso es hacer aunque estemos anestesiados de estas cosas tan increíbles que nuestro cuerpo realiza, también conscientemente hacemos otras y la importancia de las primeras es vital, de las otras están mezcladas como los ladrillos de la pirámide en construcción solamente falta saber ordenarlas en la manera adecuada para que el monumento que construimos a lo largo de nuestra vida sea lo que queremos y no otra cosa.

Sigo en la historia increíble de las cosas comunes plagada de gente corriente pero escarbando con cuidado y permiso encontrarás la unicidad. Todas esas miradas buscando algo perdido, atrapadas en diversas marismas: las del perfeccionismo, las del lucro, las de la corrupción, las de la indiferencia…
Larga la lista de tantas zonas pantanosas como las plantas que antes mencioné.
Cada uno estará inmerso en una de ellas confiando o no porque el león es quien nos ayuda a salir de los sitios pero si no lo activamos tenemos esa puerta de doble filo que puede abrir el paso a los que vienen a darnos su mano o cerrarse a todos quedando en el más decrépito y desolador momento.

Detengo el paso, al oír la voz de los !ay!, y otros familiares suyos que pasan como la comitiva funeraria cercenadora de esperanzas. Siento punzadas en mi interior que me avisan de las nubes negras antiguas, actuales y nuevas. Pasan sobre mi cuerpo cobrando un peaje llamado humanidad. Son las “patior -mentum” Algunas las puedo evitar, otras bailo en medio de ellas.

Está anocheciendo y se acerca el final de la jornada no sin antes comentar los diferentes personajes con los que me he cruzado, las variedad de formas de mi sombra siendo todos especiales, distintos, originales y disfrutando de la imperfección cada uno con su parte encajando todos en un inmenso puzle donde hay lugar para cualquiera porque ya llevamos el sello desde el comienzo.

 

 

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