En demasía

El reto de Lidia





Cinco lápices para escribir el vacío,

sentidos en evasión

desde la enésima dosis

de aquel líquido.





Primera copa de vértigo

acariciando la mano rugosa,

vacío a las cuatro de la tarde.





Segundo trago de arena:

el hoyo del derrumbe.

Caricias del suelo.





Tercera daga apurada,

llueven dardos en septiembre

donde crecen plantas saladas.





Cuarto sorbo de vino,

cuando disparan las uvas

y las sombras asfixian.





Un quinto de libertad.





“¡Es demasiado pronto para partir!”

Dice el dueño del reloj.


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