Sangra la cuna, los árboles flaquean ante el metal y galopa la degeneración a pasos agigantados. Los ojos no quieren ver el reloj marcando la agonía de los hermanos, las sandías desérticas y no interesa al amarillo imperante la restauración y que se resuelva el problema. Perdemos la fuerza, aquella que tuvimos cuando empezamos a explorar desde aquí, porque fue este el lugar de partida.
Inicio