A veces un poema te encuentra cuando no lo buscas. Así me llegó La negación, de Olga Arias en Instagram: https://www.instagram.com/p/DWqpulLjNrq/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA== , con su pregunta sobre la pureza de negarse el propio nombre y sus ángeles que acaso anhelan liberarse de ser ciertos.
Lo leí y algo no pudo callarse. No como contradicción sino como continuación porque hay una certeza que el poema no nombra y que yo no podía dejar sin voz.
Pero mientras respondía, los ángeles de Olga me llevaron a otro ángel. Uno sin nombre. El custodio de Jerusalén.
La pureza no es anestesia. La certeza, no es blindaje. También ellos se duelen, también ellos dudan de su misión, también ellos lloran sin que nadie los vea.
<<Solo el reino doble se volverán las voces eternas y suaves>> RainerMaria Rilke
Mis manos lloran,
mi corazón tañe
la elegía
por mi protegida.
Qué inepto soy.
No pude hacer nada.
¿Me volveré
profeta?
Pero mi Señor sabe,
estuvimos juntos
en Dominus flevit.